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  Experiencias MLA

La dicha de llevar a otros al encuentro con Cristo

Por: Edith Velasco Vázquez del Mercado, MLA

La alegría que produce el encuentro con Jesucristo solamente se puede comparar con la alegría de poder comunicar esa revelación a los demás. Como explican las palabras de nuestro anterior Papa, Juan Pablo II, que de Dios goza: “¡Quien ha encontrado a Cristo, no puede retenerlo para sí!”; y de los apóstoles Pedro y Juan: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20).

Edith Velasco MLA

Edith Velasco, MLA (cuarta de izquierda a derecha), con catecúmenos guatemaltecos

Esa es también mi experiencia. Al conocer a Jesús, enamorarme de Él, descubrir que mi vida sólo tiene sentido en Él, pensé en todos los hombres y mujeres que no han tenido la dicha de conocerlo. Por eso estoy en este país de misión, Guatemala, trabajando en comunidades donde la evangelización apenas comienza. Este año, el Señor me ha regalado una nueva vivencia aquí, en el pueblo llamado Zacapa: acompañar en su formación a siete catecúmenos, es decir, candidatos a recibir el Bautismo. Tres de ellos son adultos: Eduardo, Mary y Betty; y cuatro, jóvenes: Ennio, Zac, Christian y José Luis.

Si Dios quiere, en la Pascua, recibirán los Sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, y continuarán su formación como neófitos o recién bautizados.

Es hermoso ser testigo de cómo el Espíritu Santo ha ido despertando en cada uno de ellos el deseo de saber más de Jesús y de entregarse a Él. Algunos han empezado a asistir a Misa todos los domingos. Mary y Betty, antes de nuestra reunión semanal, hacen oración ante el Santísimo. Don Eduardo, que al principio mostraba apatía y se resistía a seguir un proceso “tan largo”, ya que decía: “yo, lo único que quiero es bautizarme”, ahora, llega puntual a la catequesis. Él asiste acompañado de su esposa, quien está bautizada pero no ha completado su iniciación cristiana, y muestra interés y entusiasmo en las reuniones. En cada uno de los jóvenes, percibo el hambre de Dios que hay en su corazón; la sonrisa en sus labios delata, cuando alguna actitud o palabra de Jesús en el Evangelio les parece novedosa y atractiva, el anhelo que sienten de iluminarse de la luz de Él.

Doy gracias a Dios por estas siete personas, a quienes ha llamado para hacerlos hijos suyos e incorporarlos a la Iglesia; y por permitirme ser su instrumento para llegar a ellos. Sin embargo, sólo lo puedo hacer, si cuento con las oraciones de todos ustedes, queridos lectores, ya que la Misión de la Iglesia no es responsabilidad de unos cuantos, sino de todos los bautizados. ¡Gracias por su apoyo económico y espiritual! Que Dios les bendiga abundantemente.

 

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© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.