Editorial

  San Agustín reflexiona sobre la Palabra de Dios *

Mundo

El comienzo del Evangelio de san Juan reclama la pureza del ojo del corazón. En él se nos presenta a nuestro Señor Jesucristo tanto en su divinidad como en su humanidad; encontramos quién fue Juan y cuál su grandeza. En la excelencia del ministro podemos entrever cuan alto es el precio de la Palabra que tal boca pudo proferir; mejor, cómo carece de precio la Palabra que supera a todas las palabras. Por relación a su precio una cosa se la iguala a otra o se la pone por debajo o por encima. Pero a la Palabra de Dios nada puede igualarse, ni es posible hacerla bajar de precio ni que nada la supere.

Con todo, el precio para comprar la Palabra es el mismo comprador. Quien quiera comprar esta Palabra, quien quiera poseerla, no busque fuera de sí qué dar, dése a sí mismo. La Palabra de Dios se ofrece a todos; cómprenla quienes puedan: todos los que piadosamente lo quieran. En esa Palabra se encuentra la paz; y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad (cfr. Lc 2,14).

El hombre se hace bienaventurado tocando con el corazón lo que permanece siempre bienaventurado: la felicidad y la vida perpetuas, la sabiduría perfecta, la luz sempiterna. Ve ahora cómo tocándole te haces lo que no eras, sin convertir en lo que no era a lo que has tocado. Dios no es más por ser conocido, pero el conocedor sí es más conociendo a Dios. La primera represalia divina con el alma que se aleja de Dios es cegarla. Quien ciega los ojos a la luz verdadera queda sin más a oscuras. Aunque no experimente el castigo, ya lo tiene sobre sí.

San Agustín

 

San Agustin
San Agustin. Detalle de un vitral elaborado por Louis Comfort. Tiffany. Fotografía por Daderot.


* En este editorial presentamos fragmentos del Sermón 117 (Sobre la Palabra en el Evangelio de san Juan), de San Agustín, cuya traducción al español se puede ver en: http://www.mercaba.org/diesdomini/NAV/NV/dia_Ag.htm

© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.