Editorial

  Benedicto XVI reflexiona sobre el hombre y el ambiente *

Monseñor Alonso Manuel Escalante con los primeros miembros MG

El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa. Esto exige que la sociedad revise seriamente su estilo de vida. Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales, así como la degradación ambiental, a su vez, provoca insatisfacción en las relaciones sociales. La naturaleza ya no constituye una variable independiente. Cuando se promueve el desarrollo económico y cultural de las poblaciones, se tutela también la naturaleza. Además, muchos recursos naturales quedan devastados con las guerras. Un acuerdo pacífico sobre su uso puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas.

Así como las virtudes humanas están interrelacionadas, de modo que el debilitamiento de una pone en peligro también a las otras, así también el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza.

Para salvaguardar la naturaleza no basta intervenir con incentivos o desincentivos económicos, y ni siquiera basta con una instrucción adecuada; el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad.


* Síntesis del número 51 de la encíclica Caritas in veritate.

© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.