
Misioneros Laicos Asociados
El Catecismo de la Iglesia Católica, cita a la Constitución Dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, para enseñarnos que laico es todo cristiano, incorporado a Cristo por el Bautismo, que forma el Pueblo de Dios, que participa de las funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey, y que no ha recibido el sacramento del Orden, y no se encuentra en el estado religioso reconocido por la Iglesia.
A partir del número 898, el documento explica que los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria, cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas.
Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación, y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la Tierra; esta obligación es tanto más apremiante, cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia.
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