El Papa Benedicto XVI, en la audiencia general del pasado 4 de febrero, dio por terminada su catequesis sobre san Pablo. Comentó que la figura del Apóstol de las Gentes no solamente abarca su vida y su muerte, sino su extraordinaria herencia espiritual. Ya que las cartas que escribió se incorporaron a la liturgia de la Palabra, y de esta manera, su presencia se convirtió en alimento espiritual para los fieles de todos los tiempos.
Desde hace siglos, tanto los teólogos como los Padres de la Iglesia se han nutrido de su espiritualidad. La conversión de san Agustín sucedió gracias a la figura de Pablo, y Santo Tomás de Aquino realizó un memorable comentario a sus epístolas. En el siglo XIX, se llevó a cabo un resurgimiento del estudio paulino desde la perspectiva histórico-crítica de la Sagrada Escritura. Se consideró central el concepto de libertad en el pensamiento de san Pablo, y se habló de él casi como un nuevo fundador del cristianismo.
El Papa también señaló que en la Edad Moderna han surgido diversos movimientos religiosos dentro de la Iglesia católica que se inspiraron en san Pablo. Por ejemplo, la Congregación de San Pablo, fundada en el siglo XVI; los Misioneros de San Pablo, en el XIX; y La Familia Paulina o el Instituto Secular de la Compañía de San Pablo, en el XX.
Finalmente, el Santo Padre enfatizó que se muestra, ante nosotros: “La figura luminosa de un apóstol y pensador cristiano extremadamente fecundo y profundo al que todos podemos acercarnos beneficiosamente”.