En su encíclica Caritas in veritate, Benedicto XVI destaca que un verdadero desarrollo humano debe tomar en cuenta todas las dimensiones de
la persona, además de basarse en el respeto, la verdad, la libertad (individual y de los pueblos) y la caridad. Lo anterior llevaría como consecuencia a una ética de la vida, que propiciaría una mejor distribución de la riqueza y los bienes, así como la desaparición de las desigualdades entre los países.
La Misión que desarrolla la Iglesia, en su trabajo pastoral, ecuménico y de nueva evangelización, así como en la Misión ad gentes, comprende compartir la Revelación, pero también implica la promoción humana; de ahí que el trabajo que los MG realizamos al colaborar con las Iglesias particulares en los diferentes continentes, incluya el tratar de llevar a la práctica la doctrina social de la Iglesia. Por fortuna, gracias a la conciencia y la formación cristiana de muchos católicos, se ha logrado, en cierta medida y en algunos lugares, vivir los valores de la centralidad de la persona, la libertad, el respeto y la verdad, en los ámbitos sociocultural y económico.
De entre los elementos propuestos por Benedicto XVI, sabemos que la caridad constituye un rasgo fundamental de nuestra fe. A diferencia del filántropo, que busca el bien del ser humano sin motivaciones religiosas, el cristiano lo hace por el valor que tiene la persona al ser imagen de Dios, hijo o hija del Padre celestial y templo del Espíritu Santo. El centro del comportamiento cristiano es la caridad, pues unida con la fe y la esperanza permea toda su actividad. Esforcémonos en hacer realidad las propuestas del sucesor de san Pedro, para construir en nuestro entorno un desarrollo humano integral.