Este mes México celebra fiestas inolvidables. El día 12 festejamos a Santa María de Guadalupe, Madre y Señora nuestra; no faltan los cohetes y las campanas a vuelo que nos recuerdan sus apariciones en el Tepeyac y renuevan nuestro amor de hijos y de hermanos. Después viene la Navidad, que une al mundo católico ante la inocencia del Niño Dios. Luego llega el fin de año, una noche de recuerdos que nos abre el corazón hacia todos, con la esperanza de un nuevo ciclo, símbolo de una vida mejor y una felicidad creciente.
El Año Nuevo es una oportunidad maravillosa para hacer realidad nuestros buenos deseos, para encontrar el modo de cooperar con la paz que tanto necesita el mundo: todo comienza en lo profundo de nuestro corazón, al buscar cómo aniquilar el egoísmo, para realizar encuentros felices y duraderos ante nuestro Padre Dios.
El mes de diciembre nos recuerda lo que vivimos en el año: tomamos conciencia de lo que hicimos y de lo que dejamos de hacer; es un buen momento para el reencuentro con nosotros mismos.
Por otra parte, la presencia amorosa de Cristo nos lleva a un encuentro con Dios y con nuestros seres queridos para empezar en verdad una vida nueva. Reconciliarnos con aquellos de quienes nos hemos separado nos dará una felicidad inimaginable y nos preparará para un año en el que buscaremos crear alrededor nuestro un mundo mejor.
¡Que la felicidad que nos deseamos sea un llamado de Dios para encontrar la verdadera paz! ¡Felicidades en nombre de los Misioneros de Guadalupe!