Plegaria de la Misión Continental

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Quédate con nosotros, Señor,
acompáñanos, aunque no siempre
hayamos sabido reconocerte.

Tú eres la Luz en nuestros corazones,
y nos das tu ardor con la certeza de la Pascua.
Tú nos confortas en la fracción del pan,
para anunciar a nuestros hermanos
que en verdad Tú has resucitado
y nos has dado la misión de ser testigos
de tu victoria.

Quédate con nosotros, Señor,
Tú eres la Verdad misma,
eres el revelador del Padre,
ilumina Tú nuestras mentes con tu Palabra;
ayúdanos a sentir la belleza
de creer en ti.

Tú que eres la Vida,
quédate en nuestros hogares
para que caminen unidos,
y en ellos nazca la vida humana generosamente;
quédate, Jesús, con nuestros niños
y convoca a nuestros jóvenes
para construir contigo el mundo nuevo.

Quédate, Señor, con aquellos
a quienes en nuestras sociedades
se les niega justicia y libertad;
quédate con los pobres y humildes,
con los ancianos y enfermos.

Fortalece nuestra fe de discípulos
siempre atentos a tu voz de Buen Pastor.
Envíanos como tus alegres misioneros,
para que nuestros pueblos,
en ti adoren al Padre, por el Espíritu Santo.

A María, tu Madre y nuestra Madre,
Señora de Guadalupe, Mujer vestida de Sol,
confiamos el Pueblo de Dios peregrino
en este inicio del tercer milenio cristiano.
Amén.

(Tomado del magisterio de Benedicto XVI en Aparecida)


Una de las principales conclusiones de la V CELAM de Aparecida es la preocupación por dar a la Iglesia en América Latina y el Caribe un gran impulso misionero, en la forma de una Misión Continental, que busca poner a la Iglesia en estado permanente de misión.

En un momento en que muchos de los pueblos latinoamericanos se preparan para celebrar el bicentenario de su independencia, durante la celebración del Año Jubilar Paulino, y tomando como punto de partida la clausura del Tercer Congreso Americano Misionero (CAM III), nuestros obispos buscan despertar la vocación y la acción misioneras de los bautizados.

La Misión Continental, que se puso en marcha el 17 de agosto de 2008, en Quito, Ecuador, buscará realizar los siguientes objetivos:

  1. Promover una profunda conversión personal y pastoral de todos los agentes pastorales y evangelizadores.
  2. Fomentar una formación kerigmática (acción misionera).
  3. Hacer que las comunidades se pongan en estado de misión permanente.
  4. Destacar en todo momento que la Vida plena en Cristo es una actitud y un servicio que se ofrece a la sociedad.

Los obispos de América Latina nos invitan a recobrar “el fervor espiritual, y a conservar la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas…” (Evangelii Nuntiandi, núm. 80). El Señor de la Historia nos convoca como miembros de la Iglesia, y quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros para que trabajen en la construcción de su Reino en nuestro continente. (Cfr. Documento de Aparecida, núm. 548.)

 

© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2010.