La Misión:
una esperanza en Angola
Sueños hechos realidad
Padre Héctor Andrés Pérez T., MG

Al cumplirse el 27 aniversario de la misión de Angola, los Misioneros de Guadalupe, junto con el pueblo católico de México, damos las gracias a Dios por tantas experiencias únicas y maravillosas en estas tierras africanas.
Sueños y una inmensa alegría arribaron en 1981 a este país desolado y golpeado por una guerra civil terrible: los Padres Misioneros de Guadalupe sembraron una semilla de esperanza en este pueblo que anhelaba la paz; esto sólo fue posible con la ayuda de Dios, las oraciones y el sacrificio del pueblo católico de México.
Llevar a cabo estos sueños no ha sido fácil: ha habido tristezas, sinsabores, incomprensiones, cansancio, enfermedades, problemas de comunicación, caminos peligrosos y en mal estado, etcétera. Sin embargo, sabemos que el oro, para alcanzar su más alto nivel de pureza y brillo, tiene que pasar por el crisol ardiente, y también sabemos que la labor misionera para purificarse tiene que pasar por dificultades, pero, al final, se vive la inmensa alegría de sentirse instrumento útil del Señor.
Después de 27 años, nuestros sueños siguen vivos. Hoy, ustedes, estimados bienhechores, y nosotros empezamos nuevos objetivos, porque la misión no está determinada por lugares, tiempos y culturas.
Si miráramos hacia atrás, apreciaríamos, primero, el grandioso trabajo que los Padres hicieron en el Seminario Mayor de Luanda, después, veríamos la apertura de las Parroquias de San José en Catete y la de Santa Ana de Caxito.
Ahora, nos encontramos también en la sureña provincia de Kunene, en la diócesis de Ondjiva, en la misión de Cahama. Aquí, nuevamente ponemos a prueba nuestra capacidad para realizar nuestra vocación misionera. Con mucha esperanza y confianza en Dios, las dificultades se vuelven retos, y son muchos los que se habrán de vencer: un clima cálido, los caminos inclementes, el aprendizaje de lenguas, las epidemias y hasta el acecho constante de algunos animales peligrosos. Los MG debemos estar dispuestos a poner todo nuestro ser para aceptar estos retos con alegría y generosidad de espíritu.

P. Héctor Andrés Pérez, MG, con jóvenes de la comunidad de Cahama, Angola.
Queremos aprender a crear sueños, a tener esperanza y a dejarnos llevar por el Espíritu de Dios, de manera que todas las adversidades encontradas se transformen en algo valioso como el oro en el crisol.
El señor obispo de esta diócesis, Monseñor Fernando Guimaraes Kevanu, nos ha pedido, que, a partir de este año, visitemos Curoka, un municipio vecino de Cahama, el cual hace frontera con Namibia. En éste se encuentran tres etnias diferentes que conviven entre sí: la mundimba, la mujimba y la mohokanona.
Así comenzamos los nuevos desafíos. Dios nos envía, Él nos quiere como sus instrumentos: misioneros ad gentes, evangelizadores de quienes no conocen a Jesús.
Dios nos ayudará a anunciar su Palabra con generosidad en estos pueblos sedientos de su mensaje. Vale la pena decirlo una vez más: el corto tiempo en la misión de Cahama ha sido como oro puro, pues nuestros sueños se han hecho realidad. Cada viaje, cada celebración, cada visita a las aldeas y cada dificultad se ha transformado en esperanza y en anhelos misioneros.
Desde esta región de Angola, en la frontera con Namibia, en el sur de África, les invito, queridos Padrinos, familiares y amigos, a continuar juntos en esta aventura maravillosa llamada Misión.
Kalunga neku Iambeke (Dios los bendiga).