La Palabra de Dios en la vida y en la Misión de la Iglesia

por: P. Sergio César Espinosa González, MG

Padre José Sandoval Iñiguez MG en Corea
Padre Sergio Cesar Espinosa

Durante tres semanas, en octubre de 2008, estuvieron reunidos en Roma los participantes de la XII Asamblea General del Sínodo de los Obispos. El Papa Benedicto XVI convocó este Sínodo para reflexionar sobre la Palabra de Dios, a partir de un documento de trabajo que fue debidamente estudiado por los Obispos de cada país, a fin de hacer llegar al Santo Padre las propuestas de las diversas Iglesias particulares de todo el mundo. Al término del Sínodo se entregaron 55 proposiciones que sin duda servirán para que el Papa integre un documento (exhortación postsinodal) que nos enviará a todos en la Iglesia.

El mensaje final del Sínodo nos propone un viaje espiritual en cuatro etapas:

1. La voz de la Palabra es la Revelación
Desde la aurora de la creación, Dios se presenta ante todo como “rumor de palabras”, más allá de toda imagen o representación. Por su Palabra, Dios crea todo y desde siempre todo lleva la impronta del Creador. Contemplar la creación lleva a intuir la voz del Creador, su belleza, su poder, su grandeza, su sencillez… Esa misma Palabra está al inicio de la historia humana y se deja escuchar más allá, para anunciar y realizar la salvación de la humanidad. Los pueblos van transmitiendo en relatos su percepción de Dios y, en una etapa determinada, empiezan a escribir su historia y sus meditaciones, guiados por Dios mismo, de modo que sus Escrituras son sagradas, es decir, portadoras de una verdad que rebasa la exactitud científica para internarse en el misterio del que da sentido a todo.

No se sacraliza el texto, sino la Palabra que provoca el texto. El centro de nuestra fe no es un libro, es la Palabra de Dios, y más precisamente esa Palabra de Dios hecha carne: Jesucristo, Nuestro Señor. El Espíritu de Dios es quien nos guía a través de los textos para llegar a “la verdad completa” (cfr. Jn 16, 13). A esa presencia y guía del Espíritu es a lo que los católicos llamamos gran tradición.

2. El rostro de la Palabra es Jesucristo
“El Jesucristo real –nos dice el mensaje del Sínodo– es carne frágil y mortal, es historia y humanidad, pero también es gloria, divinidad y misterio”. También la Biblia tiene una dimensión de carne, es letra que necesita ser estudiada y analizada con métodos y enfoques propios, y también es Verbo eterno, el cual sólo puede ser comprendido a la luz del Espíritu, que manifiesta la dimensión transcendente de la Palabra divina presente en las palabras humanas. A fin de cuentas no estudiamos la Biblia para conocer un texto, un relato, una historia, sino para encontrarnos con Alguien, una Persona que abre un nuevo horizonte a nuestra vida (cfr. Deus caritas est, 1). Cuando el que proclama la lectura en la liturgia hace una inclinación o besa la Biblia, en realidad intenta decirnos que se inclina y quiere mostrar su respeto y cariño ante la Palabra de Dios, la cual tiene un rostro: Jesucristo.

3. La casa de la Palabra es la Iglesia
Se nos habla de una casa para la Palabra de Dios: la Iglesia, que se apoya en cuatro columnas: la predicación apostólica, que es anuncio, catequesis y homilía; la fracción del pan, la Eucaristía, en la que se lleva a cabo el diálogo íntimo entre Dios y la comunidad; la oración, con la que la comunidad se nutre y se apropia de la Palabra, para dirigirse a Dios en respuesta a su divina Revelación; y la comunión fraterna, que es el resultado de la escucha atenta de la Palabra, toda vez que ésta no sólo se explica, sino se hace vida en la comunidad (cfr. Hch 2, 42).

Sinodo de los Obispos 2008
XII Asamblea General del Sínodo de los Obispos

4. El camino de la Palabra es la misión evangelizadora
La Palabra de Dios sale al encuentro de los que desean escucharla y aun de aquellos que sin saberlo la buscan. “Vienen días –dice el Señor– en los cuales enviaré hambre a la tierra. No hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios” (Am 8, 11). La misión evangelizadora de la Iglesia quiere responder a esta hambre. Por eso se multiplican las maneras con las que la Iglesia quiere hacer oír la Palabra de Dios en el mundo entero: desde el diálogo interpersonal, hasta la predicación a grupos, la difusión del texto impreso, la radio y la televisión, las autopistas de la información, y todos los medios actuales de comunicación.

El Sínodo nos recuerda la importancia que dio Jesucristo a: el símbolo, la narración, el ejemplo, la parábola y la experiencia diaria. Cristo sigue caminando por nuestras calles y hace oír su Palabra en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo y estudio, en las zonas de miseria, enfermedad o marginación, y lleva siempre su mensaje de esperanza para todos, especialmente para los pobres. El Espíritu nos impulsa a todos los cristianos para que seamos portadores de la Palabra hasta los últimos rincones de la tierra, es decir, para que seamos sus discípulos misioneros dondequiera que vivamos y adondequiera que nuestra vocación nos lleve.

Nuestro viaje espiritual termina al cabo de estas cuatro etapas. Sería bueno que leyéramos el mensaje completo del Sínodo al Pueblo de Dios*, y sería aun más importante que, como María Santísima, nos dispusiéramos a escuchar la Palabra en el silencio, para guardarla en nuestro corazón y producir frutos de vida en nuestras familias, en nuestra sociedad y en el mundo entero.

 


* El Mensaje al Pueblo de Dios de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos se puede encontrar en la página web del Vaticano, en la siguiente dirección electrónica:http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20081024_message-synod_sp.html

 


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© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.