Desde la Parroquia
de Tohoa
por: P. Salvador Arufe Gil, MG

Durante mi trabajo misionero en Corea, estuve algún tiempo en una parroquia de Seúl, la cual cuenta con aproximadamente cinco mil fieles, diversos grupos pastorales y actividades de trabajo casi todos los días. Ahora me encuentro en la Parroquia de Tohoa, donde los fieles son muy pocos: los domingos regularmente asisten a Misa de 40 a 50 personas, y entre semana sólo cinco o seis. La mayoría de ellos son adultos que dedican la mayor parte de su tiempo a la agricultura y la pesca; los jóvenes se van a las grandes ciudades para tener una mejor educación. Las actividades de la parroquia no son muchas, ya que los grupos de pastoral son pocos. Los retos de evangelización que tengo son atraer más personas para que reciban el Bautismo y dar a conocer a Jesús a través de su palabra.
A la Parroquia de Tohoa llegué con gran entusiasmo y noté de inmediato que era necesario remodelar el templo. Un compañero sacerdote expresó que llegué como huracán, pero a hacer reparaciones. En efecto, la parroquia se ubica a cuatro kilómetros del mar y, como era tiempo de lluvias, llegó un fuerte tifón que voló parte del techo, situación que aproveché para hacer también modificaciones en el interior. La remodelación de la parroquia tenía dos fines: primero, era necesaria porque ya tenía tiempo sin mantenimiento, y segundo, hacer el templo atractivo y acogedor para la gente que venga por primera vez. Estas labores se realizaron gracias a nuestros Padrinos, quienes con su donativo mensual también colaboran en la tarea de la evangelización.

Vista exterior de la Parroquia de Tohoa antes de la restauración

Vista exterior de la Parroquia de Tohoa después de la restauración
De hecho, estamos trabajando para que aumenten los nuevos cristianos. Desde hace un mes hacemos oración en comunidad al Espíritu Santo, para que mueva los corazones de quienes no conocen a Jesús, y también se promueve que los mismos católicos les hagan una invitación personal. Es algo necesario ya que toda persona tiene derecho a escuchar la Buena Nueva, que se revela y se da en Cristo, y así realizar en plenitud la propia vocación. Es un derecho conferido por el Señor a todos los hombres y mujeres, por lo que pueden decir con san Pablo: Jesucristo “me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). Y a este derecho le corresponde el deber de evangelizar: “no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1Co 9, 16). Así se entiende que toda actividad de la Iglesia tenga una dimensión esencial evangelizadora, y jamás deba ser separada del compromiso de ayudar a otros a encontrar a Cristo por la fe.

Vista Interior de la Parroquia de Tohoma, antes de la restauración

Vista Interior de la Parroquia de Tohoma, después de la restauración
Me encomiendo a las oraciones de nuestros bienhechores, y por ellos ofrezco todos los sábados, al Señor y a la santísima Virgen de Guadalupe, la santa Misa, mis oraciones, mis alegrías y mis tristezas.