Por intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe
Agradecimiento a México y a sus misioneros
Padre Juan Sebastián Martínez L., MG

La Parroquia de Aizu Wakamatsu, dedicada a la Santísima Virgen María, que había estado bajo el cuidado de los Misioneros de Guadalupe, se entregó a la diócesis de Sendai y a su clero el 31 de marzo de 2006. En esta fecha, se cierra la etapa de evangelización de los MG en ese lugar de Japón.
A través de las palabras de Teresita del Niño Jesús Sachiko Yamaguchi, y de los recuerdos que dejaron en la memoria de sus habitantes, conozco la historia, desde el inicio, del trabajo de los Padres MG en esta parroquia. Ella hizo un escrito dirigido a los fieles mexicanos, que a continuación les comparto.
Padres Misioneros de Guadalupe, bienhechores y fieles católicos de México, ¡felicidades y gracias por sus 50 años de evangelización en Japón! El pasado 11 de agosto, con un corazón lleno de gratitud, asistí a la Misa de Acción de Gracias a Dios. Al mismo tiempo que participaba con alegría, por mi mente y mi corazón pasaron varios pensamientos que me hicieron sentir una cercanía especial hacia la Virgen de Guadalupe. Hace poco supe que, cuando el señor Obispo Escalante decidió enviar a los primeros misioneros, llevó una cruz por diferentes parroquias de México. Ésta fue venerada por muchas personas; el Padre Alejandro Ríos, MG, quien comenzó la labor misionera en esta parroquia, siempre utilizó este crucifijo para bendecir a los fieles, y ahora cuelga en una pared de la capilla-confesionario de la iglesia, pues luce como un recuerdo de la estancia de los Misioneros de Guadalupe; esa cruz continúa siendo venerada como una bendición y un alivio especial para nosotros. Además, aquí tenemos una replica de la Santísima Virgen de Guadalupe, que también peregrinó en México.
Yo recibí el bautismo en 1955, semanas antes de que llegaran los Misioneros de Guadalupe. Casi por 20 años viví confusa entre el shintoismo y el budismo, hasta que conocí al único Dios verdadero. Creo que, por explicaciones y conjeturas, me acerqué al Señor. Continué mis rezos, misas, lectura de la Biblia, etc. Después, pensé que la fe no era sólo algo mental o únicamente plegarias, porque aún así me sentía débil.
Nunca imaginé que Dios me ofrecería una experiencia especial para conocerlo: participar por primera vez en una Misa, presidida por el Padre Ríos, en un lugar de mártires llamado Monte Oozuka, al pie de la montaña, en medio de una hermosa naturaleza y cerca del lago Inawashiro. Ofrecer la ceremonia religiosa en el ambiente que Dios creó, me hizo sentir el misterio y la grandeza de Él, de manera que ahora recuerdo, y quizá no puedo explicar con palabras. Sí, en ese lugar yo medité y agradezco haber sentido la presencia de Jesús y saber que no es un Dios mental. Sumergida en el silencio del corazón, vi al Todopoderoso, y cada día, para mí, sigue siendo una experiencia viva.
Ver también la figura del Padre Alejandro Ríos que, en silencio, ponía en orden las bicicletas que dejábamos en el atrio, y, con pocas y sabias palabras, nos hacía conocer a Dios. Observar al sacerdote que atendía al niño que lloraba, que jugaba con los jóvenes, y con todos subía a la montaña. Esa figura sacerdotal me impactó y puedo decir que esa admiración al Señor sigue grabada en mi vida.
Después de muchos años de acumular tantas experiencias del Reino de Dios, aún las sigo saboreando. Hace tres años, en octubre, tuve la bendición de estar en México en el Congreso Eucarístico, y mi breve contacto con la gente fue para mí una experiencia inolvidable.
México, tierra del Sol, alegre país, gracias por conocerte, y qué más diría de los 50 años…
© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.