Los sacrificios de Navidad
Un regalo para el Niño Jesús
Padre José Monroy P., MG

Los alumnos del kínder católico donde trabajo son como otros chicos: juguetones, latosos y traviesos; a veces, parecen de porcelana, pero cuando deciden hacer ruido, lo consiguen muy bien. Al acercarse las fiestas de Navidad, el bullicio de los niños no se hace esperar, pues, en sus cabecitas, comienzan a surgir pensamientos de cómo será la Navidad en su escuela, ya que observan por las calles y los comercios la propaganda de artículos para celebrar las fiestas decembrinas.
Las maestras y yo buscamos la mejor manera de darles a entender ese acontecimiento: una exposición sobre la Noche Santa y explicaciones propias para ellos. Los más grandecitos deberán prepararse para representar, ante sus padres y familiares, los episodios más sobresalientes de este gran misterio. ¿Quién será la Virgen?, ¿quién, San José?, ¿quiénes, los pastores, los ángeles, los reyes magos, etc.?, ¿y quién llevará los regalos al Niño Jesús? Las opiniones de los pequeños se dejan oír, y los nombres de los protagonistas van saliendo de los labios de las profesoras.
El tiempo de ensayo ha terminado y, ante los ojos atónitos de padres y parientes, algo totalmente desconocido, para muchos de los espectadores, es representado por sus propios niños: el misterio de la primera noche de Navidad.
Pero, ¿y los regalos para el Niño Jesús? Es algo también digno de contar lo que decidieron los alumnos: con un mes de anticipación, todos los pequeños de la escuela, bajo la guía de sus maestras, elaboraron una pequeña alcancía de cartón, que se llevaron a sus casas; en ella depositaron algo de lo que recibieron de sus papás para gastar, y que ellos destinaron para el regalo del Niño Jesús. Al Jesús que, como les platiqué yo, el Padre de la iglesia, representa a todos lo niños que no tienen qué comer, qué vestir, ni cuentan con medicinas para curarse, etc.
Muchos de los estudiantes entendieron bien la lección y, con gran generosidad, como es la bondad de los chicos, se privaron de alguna golosina, para que el día de la fiesta de Navidad pudieran ofrecerle un regalo al pequeño Jesús.
El día de la celebración, tanto alumnos como familiares se mostraron muy entusiasmados, pues los chicos llevaron su alcancía con lo mucho o poco que reunieron. Durante la representación navideña, cuando los pastores fueron a adorar al Niño y presentarle sus regalos, los elegidos de cada grupo, en nombre de sus compañeros, llevaron las alcancías de todos, para ponerlas, como los pastores, a los pies del Niño Jesús.
La fiesta navideña llegó a su fin, pero, seguramente, en los niños y espectadores se quedó la idea de una Navidad distinta a la que ellos conocían.
Ojalá que esta pequeña experiencia no se vaya al olvido, sino que, por el contrario, se haya encarnado en ellos, de tal manera que llegue el día en que, obedientes a las inspiraciones de Dios, decidan ir en pos de ese pequeño Niño que, por nuestro amor, vino a nosotros.
Comparto estos hechos de la vida misionera en Japón, pues lo que en su inocencia hicieron los pequeños, es un gran ejemplo para nosotros, quienes equivocadamente hemos dado un enfoque diferente a la Navidad.
Espero que nuestra próxima Navidad sea un acercarse más a Jesús, a quien debemos pedir con mucha insistencia que conceda a nuestros hermanos japoneses, y a todos los hombres y mujeres del mundo misionero, el gran regalo de la fe, que da consuelo y felicidad a quien la vive con un corazón sencillo.
© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.