Sobre la problemática actual de Kenia (Parte 3)
Entrevista al Padre José Bejarano Martínez, MG
La vivencia de un sacerdote en un país dividido y que sufre desigualdad social
por Faustino López Moreno

La división entre las tribus
Los orígenes de los problemas recientes en Kenia tienen que ver con el hecho de que este país no se integró como nación, como ocurrió en Tanzania, donde el presidente tuvo una manera muy especial de planear la educación para el pueblo. Él, que era maestro, logró crear una nación donde la gente tiene una conciencia de pertenencia que se mantiene a la fecha. Los kenianos, en cambio, desde el tiempo previo a la independencia entienden que forman parte de la tribu; aún hoy, a 43 años de su independencia, siguen con la misma actitud, aunque mucho más marcada. Se pensaba que el tribalismo no era tan fuerte, sin embargo, no es así. Por eso, cada cinco años, antes de las elecciones, se presentan problemas entre las tribus.
Otro aspecto muy importante es que ahora, como nunca antes, se organizó muy bien el gobierno, de la misma forma que la oposición política, para tener grupos de choque, pagados o reclutados de cualquier manera, ya que se aprovecha su mentalidad tribal. Lo anterior ocasionó divisiones en el país, que ya estaba segmentado. Así que un grupo organizado llega, destruye, mata, quema y pone a una tribu contra otra. Cuando ataca un grupo de choque, que tiene todo tipo de armas y está medianamente ejercitado, está dispuesto a matar, a violar y a destruir. Si son azuzados por el gobierno o por los opositores, crean caos y desintegración en el país, donde la gente ya estaba dividida. Ellos la separan más, lo que provoca mayor resentimiento entre las tribus.

Hay quienes dicen que esto se superará dentro de dos o tres años, pero no lo creo, porque el tribalismo siempre ha estado presente, y en todo momento ha sido alentado por los que están en el gobierno en turno; de una u otra manera o apoyan a una tribu, abiertamente, como ahora el presidente, o favorecen a clanes de los más importantes financieramente, desuniendo, incluso, a estos mismos.
Otro factor importante fue el aspecto de la posesión de la tierra. Existen conflictos de hace muchos años. Por ejemplo, hay una región cercana a Uganda, donde el gobierno ha repartido títulos de propiedad alrededor de cinco veces, y no hay manera de poner en paz a la gente. Para resolver este conflicto, es necesario investigar quién es el dueño; para esto, se necesita tiempo, para que lleven a cabo juicios y otras actividades, y de esta manera se logre beneficiar a quienes han pagado dos o tres veces el mismo terreno. Entonces, pacificar a la personas con títulos de propiedad va a estar difícil.
En 1981, hablé con el ex presidente Daniel Arap Moi sobre la ausencia de partidos políticos, le pregunté qué pensaba respecto de que hubiera más apertura a los partidos: “No durante mi mandato, no en mi tiempo, porque cada partido va por una tribu y vamos a dividir más al país”. En aquel momento lo juzgué mal, pero ahora veo que tenía razón, aunque pareciera que sería bueno que hubiera partidos. Se dan arreglos políticos de manera que la situación pueda continuar, para “llevar la fiesta en paz”.
Hay una población que está por encima de la tribu: la comunidad que tiene una inversión o una ocupación bien pagada, ésta no quiere clanes, desea conservar sus tradiciones y trabajar. En Nairobi, eso se vio claramente; un señor me comentó: “Padre, ¿cuándo ha visto usted que los ricos se estén matando?” Realmente, a la gente que tiene un buen empleo, no le interesa que haya problemas o levantamientos. Lo que busca es tener un bienestar, pero es minoría, aun en la ciudad, tal vez sea 25 por ciento de la población. Entonces, los otros, porque están resentidos o desempleados o por cuestión tribal, lo que quieren es golpear al gobierno o a los de otra tribu. No acaban de ponerse de acuerdo, gente con muy diversos intereses quiere el caos para robar y saquear.
El desequilibrio social

Otro elemento importante es la inseguridad social, que cada vez se nota más. Hay guerra porque no puede haber paz, necesitan el detonante.
Existe una división tremenda entre la gente rica que cada vez tiene más y los pobres. Se ven más coches en la ciudad, pero más gente está emigrando. En kibera, ya tienen luz, sin embargo, se ve ahí el choque de la realidad: camina uno veinte minutos en este barrio y ve que hay buenas casas, carros, pero ahí donde vivimos es un gheto*, se dice que habemos 700 mil habitantes, aunque nadie los ha contado. La gran mayoría no tiene servicios básicos, viven en cuartuchos… Pese a esto, las personas tienen un sentido de familia, de clan, muy fuerte. Se ayudan entre ellos mismos, pueden vivir dos o cinco en cuartitos de dos y medio metros, y ahí se hacen caber. No hay baños, sino “flying toilets”, es decir, baños voladores: usan bolsas de plástico que luego echan a volar. Es un muladar, no hay drenaje, ningún servicio; apenas están poniendo la luz, pero muchos no tienen para pagarla.

La población de Kibera, aunque es multitribal, está separada por bloques de acuerdo con su clan o tribu. Conforme llegan nuevos habitantes, éstos se van sumando a su familia, clan o tribu. Cada tribu está muy unida entre sí. Los lúo, que son de la oposición, expulsaron a los kikuyos, a quienes no les quitaron sus cosas en el enfrentamiento, los expulsaron, donde eran minoría los kikuyos, que son de la tribu gobernante. El primer ministro, Raila Odinga, que pertenece al clan lúo, va a tener que incluir a mucha gente en diversos niveles de gobierno; ese puesto lo alcanzó luego de las negociaciones posteriores a los disturbios políticos.
La reconstrucción
En la Iglesia, nos cuestionamos mucho en todos los niveles. La gente, en todo el país se pregunta cuándo se superará esta problemática. Si trabajamos unidos todos los sectores de Kenia por la recuperación de la dignidad de sus habitantes, creo que esta labor tomará unos 30 años. La iglesia puede jugar un papel importante, y si no lo hace, entonces que salga. Si quedara fuera de este país, perdería su razón de ser. El Evangelio busca la unidad, el respeto, el servicio, busca promover la dignidad de todas las personas. Antes, se insistía mucho en la dignidad de la mujer y de los niños, cuyos derechos han sido violados siempre, aunque no en el papel. Ahora, se tiene que pensar en la unidad: somos una familia, un pueblo, somos el pueblo de Dios, vamos a construir. Hubo mucha destrucción y no sé cuánto se necesite para reconstruir, porque el presidente hizo una solicitud para levantar la nación, cuando él mismo provocó la destrucción. Va a ser muy difícil volver a edificar, porque la gente de la tribu opositora destruyó oficinas, ya que las vió como propiedad del otro clan.
El presidente prometió, por populismo, que a todos los que perdieron su casa se les daría otra, sin embargo, en algunas zonas, existen hasta tres mil viviendas quemadas. Por otro lado, la gente considera que casa es un “cucurucho” pequeñito, a eso le llaman casa, para ellos es suficiente. Y, hasta ese tipo de cuartitos resultan muy caros.
Se hablaba de un cuarto de millón de desplazados, pero es el número de jefes de familia, sin tomar en cuenta a los integrantes de cada una. ¿De dónde va a salir tanto dinero? Entra mucho dinero de la droga, pero el gobierno no tiene los recursos económicos para construir, el atraso es grave, y con esta “guerra” dimos un salto hacia atrás de 30 o 40 años.
Retrocedimos culturalmente, ya que hace algunos años había cierta unidad, conciencia de nación, en un conglomerado de tribus, pero en años recientes se incrementó la división, cada quien se preocupa por su tribu. Si nos va bien, en 30 o 40 años lograremos crear una familia estable, con una situación donde por lo menos 60 o 70 por ciento de la población tenga trabajo. Esto no será el sueño del siglo, sino del milenio.
* Esta palabra se refiere al barrio donde viven personas marginadas por el resto de la sociedad.