Tres piedras
para la evangelización
de los que no conocen a Cristo
por: P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, MG
Superior General

Padre Juan José Ángel Luna Erreguerena, MG
En enero pasado los Misioneros de Guadalupe celebramos el IX Capítulo General. No todos los MG
asistieron a dicha reunión, pero todos estuvieron representados por los delegados que ellos mismos eligieron. Además, participaron los Superiores de las Misiones de Japón, Corea, Kenia y Hong Kong, así como el Superior General y sus cuatro Consejeros. En total nos reunimos 25 padres en Guadalajara, durante casi un mes.
La finalidad del Capítulo General es, ante todo, tutelar el patrimonio del Instituto y procurar la adecuada renovación de este último. Por lo tanto, tratamos los asuntos más importantes, elegimos a nuestro Superior General y a su Consejo para otros seis años, y estudiamos asuntos que afectan a todos los Misioneros de Guadalupe y planteamos lo que debemos hacer en el próximo sexenio.
Los MG llevamos el Evangelio –la Palabra de Nuestro Señor Jesucristo–, para alimentar espiritualmente a los pueblos que viven diferentes contextos socioculturales, donde no conocen el Evangelio, o donde faltan comu-nidades cristianas suficientemente desarrolladas para poder vivir la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos.

Mons. Marcelino Hernández Rdz., en una intervención durante el Capítulo General
En el Capítulo General se informó acerca de lo que
el Instituto realiza en los países donde está presente: Japón, Corea, Hong Kong, Kenia, Angola, Mozambique, Perú, Brasil, Cuba, Guatemala y Estados Unidos, y se comentaron los logros y colaboraciones que estamos alcanzando en México (sobre todo a través de
nuestros Padrinos y Madrinas) para apoyar nuestro trabajo evangelizador.
También meditamos sobre las fortalezas y debilidades que tenemos los MG, así como la problemática y amenazas que surgen al transmitir el Evangelio y dar vida a quienes no conocen a Jesús.
Resultados del IX Capítulo General
En África, para cocinar, mucha gente acostumbra poner una olla sobre el fuego, que es alimentado con leña o carbón encendidos. Si la olla se pone directamente encima del fuego, lo más probable es que éste se apague y no se pueda cocinar. Si se pone sobre una o dos piedras, se cae. En cambio, tres piedras sí son capaces de sostener la olla sobre el fuego, y así se puede cocinar muy bien.
Entre las muchas cosas que discutimos en enero, descubrimos tres piedras sobre las cuales debe apoyarse nuestro trabajo evangelizador.

Primera piedra: que todos los MG aprendamos a llevar a Jesucristo a quienes no lo conocen (dos de cada tres personas en el mundo de hoy), o adonde las comunidades cristianas no se hayan desarrollado lo suficiente para vivir la fe en el propio ambiente y para anunciarla a otros grupos.
Segunda piedra: no podemos llevar a Cristo a los demás si nosotros mismos no vivimos una profunda relación y amistad con Él. Ésta es una espiritualidad personal, para que cada Misionero de Guadalupe viva su vocación.
Tercera piedra: Dios es amor, nos dice San Juan (1 Jn 4, 8). Un solo Dios verdadero en tres personas distintas, personas que se aman tanto que forman una comunidad de amor perfecta. Los misioneros somos enviados para anunciar, dar testimonio y comunicar el amor de Dios a todo el mundo. Por eso no podemos cumplir nuestra Misión si no nos amamos como Cristo nos ha amado. De ahí que la tercera piedra será el amor fraterno en común.
Para llevar a cabo la Misión que se nos ha encomendado, también debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, pues es el fuego que alienta nuestra labor.
Por otra parte, en la Virgen de Guadalupe encontramos el ejemplo que nos enseña a evangelizar: ella dio su Hijo y el Evangelio a todos, y lo hizo de manera que lo entendamos y aceptemos en nuestra lengua, en nuestra cultura (primera piedra). María vino enviada por el verdadero Dios por quien se vive, y su unión con Él es muy grande (segunda piedra), tanto que lo mostrará, lo ensalzará, al ponerlo de manifiesto en todo su amor personal, en su mirada compasiva, en su auxilio, en su salvación (cfr. Nican Mopohua, núms. 27-28); la Virgen María vivió en Nazareth el amor con su esposo y su hijo, Jesús, y nos enseñó a ser imágenes de Dios a través de la vida en comunidad (tercera piedra).
Al finalizar estas reflexiones, sólo me queda decir que el IX Capítulo General ha sido un hermoso regalo que
el Señor nos ha dado a los Misioneros de Guadalupe en este año en que nuestro Instituto celebra sus 60 años de edad. ¡Muchas gracias, Señor, por esta muestra de tu amor!

Padres capitulares en la Capilla del Seminario de Misiones