La Navidad y la mecánica automotriz en Mozambique

por: Alejandro Molina Lara, MG

Padre Alejandro Molina Lara, Misionero de Guadalupe
Padre Alejandro Molina

En tiempo de Navidad tratamos de organizar los horarios de las Misas en varias comunidades para tener la posibilidad de recordar el nacimiento de Jesús con el mayor número posible de fieles. El plan era celebrar la Eucaristía el día 24 en la noche en una comunidad, el 25 por la mañana en otra, y por la tarde en una más, para terminar el 26 por la mañana en la última localidad. Sin embargo, los planes de Dios fueron otros.

Salí de la casa parroquial el día 23 para visitar algunas comunidades y acabar de organizar las Misas que oficiaría en los distintos lugares. El 24, por la tarde, iba en camino a la localidad donde celebraríamos esa noche, cuando el auto comenzó a fallar: se apagaba y era necesario empujarlo un poco para que arrancara de nuevo. Llovía y el camino rápidamente se volvió lodo, así que fue necesario poner la doble tracción y avanzar lentamente para no resbalar; todavía no llegaba a mi primer destino cuando oscureció, por lo cual encendí las luces del vehículo. Cuando llegué a la comunidad la lluvia continuaba un poco más fuerte, por tanto nadie se presentó para la Misa. En ese lugar dormí. Al otro día, cuando me disponía a salir hacia la siguiente localidad, comenzaron a llegar algunas personas; el responsable me dijo que sería bueno celebrar la Eucaristía. Lo pensé un poco (porque sabía que estarían esperándome en la siguiente comunidad), pero al final les dije: “está bien, vamos a comenzar”. Pensé que, al fin y al cabo, una virtud o defecto (depende del punto de vista) de la gente africana es la paciencia, saber esperar; y es que celebrar Misa significaba quedarme ahí unas dos horas más (en Mozambique las celebraciones no son igual de breves que en México).

Camioneta en Mozambique

Cuando terminó el acto litúrgico me despedí y subí al auto para marcharme, pero, ¡cuál fue mi sorpresa al ver que no encendía! Lo empujamos varias veces, pero no funcionó. Me bajé y abrí el cofre para revisar (no sé qué, porque, como en México nunca necesité arreglar un vehículo personalmente, sólo veía el motor, las piezas, etcétera); no entendía nada ni sabía por dónde comenzar. Envié un joven en bicicleta a la sede del distrito, donde estarían esperándome, para que hablara con el responsable de aquella comunidad y tratara de conseguir algún medio para remolcar el auto hasta allá. Ya era tarde cuando regresó el joven junto con el responsable y un chofer con el tractor de la administración del distrito. Este último sabía un poco de mecánica, pero, después de algunos intentos, no estaba seguro de cuál era el problema; antes de que hiciera algo contraproducente, le dije que no se preocupara y que mejor hablaría con los otros Padres en nuestra casa para ver lo que podíamos hacer. Entonces remolcamos el vehículo. Tuve que esperar un aventón, que llegó hasta la tarde del 26, para ir a la casa parroquial (ubicada a 150 km de donde estaba).

Esa semana tuvimos un encuentro en Chimoio, capital de la provincia, con todos los Padres y Hermanas de la diócesis para celebrar la Navidad. Después del encuentro, junto con un mecánico, regresé a donde se había quedado el auto. Imaginen mi cara de sorpresa (y
quizá hasta de frustración) cuando el mecánico me dijo que el problema fue que la banda del alternador se reventó y, por ende, la batería perdió toda su carga. Gracias a Dios teníamos unas bandas viejas, porque todas las del auto habían sido cambiadas hacía menos de un mes, y con ellas se pudo arreglar el problema; sólo tuvimos que intercambiar los acumuladores de los vehículos para que uno de ellos encendiera y el otro se cargara de nuevo.

Para las personas africanas la espera es normal; nosotros, la mayoría de las veces, nos impacientamos. Aquellos días me di cuenta de que la paciencia es de suma importancia y que no puedo querer vivir en África igual que como vivía en México. Además de lo dicho, ¿qué me queda de esta experiencia? Bueno, por lo menos, ahora sé que el auto que tenemos usa cuatro bandas: una para el aire acondicionado, otra para la dirección hidráulica, una más para el alternador y la última para el ventilador-motor; sé que el auto puede andar sin la banda del aire acondicionado (lo peor que puede pasar es padecer el calor), también sin la de la dirección hidráulica (sólo se pone duro el volante), así como prescindir de la banda del alternador (mientras dure la batería), pero siempre necesita la del ventilador-motor, porque sin ella se calentaría el motor y se “desvielaría”.

Diocesis de Camoio en Mozambique
Una de las comunidades de la Diócesis de Chimio, Mozambique

 


Artículos de:

2010

· Agosto,
  P. Marco Antonio Mtz.
  P. Alejandro Chacón

· Julio,
  P. José A. Morales
  Janeth Madero, MLA

· Junio,
  P. Victoriano Hernández
  P. José Sandoval

· Mayo,
  P. José Sandoval
  S. Ignacio Flores

· Abril,
  P. Javier González
  Manuel Enríquez

· Marzo,
  P. Juan Antonio Muñoz
  Edith Velasco, MLA

· Febrero,
  P. Ricardo Gómez
  Dolores Martínez, MLA

· Enero,
  P. Enrique Gómez
  P. Miguel Á. González


2009

· Diciembre,
  P. José Monroy
  P. Alejandro Molina

· Noviembre,
 
 P. Alejandro Chacón
  P. Juan Antonio Muñóz

· Octubre,
  Padres MG Mayores
  P. Juan José A. Luna

· Septiembre,
  Entrevista a Mons.   Zacarías Kamwenho

  P. Sergio C. Espinosa

· Agosto,
  P. José Sandoval
  P. Salvador Arufe

· Julio,
  P. Daniel Panduro
  P. Roberto Villalobos

· Junio,
  P. Felipe de J. Martínez
  P. Marco A. Navarro

· Mayo,
  P. Juan S. Martínez
  P. José Bejarano (4)

· Abril,
  P. Victoriano Hernández
  P. José Bejarano (3)

· Marzo,
    P. Alejandro Molina
    P. José Bejarano (2)

· Febrero,
    P. Ricardo Gómez
    P. Andrés Pérez

· Enero,
    P. Rodolfo Navarro

    P. Victoriano Hernández


2008

· Diciembre
    P. Juan S. Martínez
    P. José Monroy

· Noviembre
    P. J. Ausencio López
    P. Gabriel Torres

· Octubre
    P. Marco A. Martínez
    P. J. Sergio Guevera

· Septiembre
    P. Jorge González
    P. Alejandro Chacón

· Agosto
    P. Arturo Arreguín
    P. Roberto Figueroa

 

© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.