El respeto por el medio ambiente

por: P. Alejandro Chacón Orozco, MG

Padre Alejandro Chacon Orozco
P. Alejandro Chacón

Cuando recibí la invitación para escribir sobre el respeto al medio ambiente comencé a recordar varios hechos que han ocurrido desde que llegué a la Amazonia. Entre ellos, recordé a una Pastora evangélica que me hizo preguntas muy interesantes y retadoras para la Iglesia en el mundo entero: ¿qué hace la Iglesia por el medio ambiente?, ¿cómo reaccionamos ante la deforestación y quema, tanto de la floresta como de la basura?, ¿cómo educamos a las nuevas generaciones?, ¿lo anterior tiene alguna relación con la Palabra de Dios?, entre otras interrogantes. Después de unos minutos comenzamos a intercambiar ideas; sin embargo, vimos que había muchas cosas por hacer.

También recordé que hace un par de años, en mi parroquia, juntamente con algunas comunidades y con el gobierno, plantamos unos 600 árboles en las áreas de la Iglesia y de las capillas, además de obsequiar algunos a las personas para que los plantaran en sus casas. Sin embargo, después de dos años, varios de esos árboles ya fueron destruidos; algunos padecieron desde pequeños, otros fueron abandonados; algo sorprendente fue ver niños que brincaban arriba de ellos o los sacaban desde la raíz simplemente para dejarlos a un lado. Antes pensaba que por estar en el interior de la Amazonia sería fácil fomentar entre los fieles un espíritu de cocreadores con el Señor, pero no es sencillo.

Otro recuerdo es de la ocasión en que fuimos convidados por los diferentes directores de escuelas para dar pláticas, pues tanto ellos como nosotros pensamos que con un trabajo en equipo podíamos crear conciencia de cómo estamos acabando con la naturaleza, y reflexionar acerca de aquello en lo que debemos actuar inmediatamente para evitar consecuencias irreversibles a corto plazo. Algunos jóvenes opinaron que la Amazonia nunca se acabaría, que todo estaba bien y que Dios nos apoyaba.


¿Qué hacemos en la Iglesia por cuidar el medio ambiente?

Dos años después esas mismas escuelas son usadas como refugios por las inundaciones. Todo mundo está sorprendido de cuánta lluvia y cuántos desmoronamientos hay; inundaciones como nunca antes se había visto en la historia de la Amazonia, pues han superado por siete centímetros las registradas en 1953, y continúa lloviendo. De las 49 comunidades que tengo a mi cargo en Urucurituba, 28 están inundadas. Casos similares reportan el P. José Luis Torres, en Urucará; el P. Israel Magdaleno, en Uatumã, y el P. Jorge González, en Itacoatiara. Todos nosotros estamos visitando las comunidades y quedamos boquiabiertos al ver algunas capillas destruidas en 80 o 100 por ciento. Lo mismo ocurre al ver las casas de las personas, al mirar algunos animales en busca de un poco de tierra para resguardarse, hecho que también crea muchos peligros para los humanos, ya que cocodrilos, cobras y otros animales llegan muy cerca de las casas; la semana pasada fue mordido uno de los fieles y gracias a Dios hubo tiempo para llegar al hospital, aunque casi no lo logramos. Después fueron encontradas unas cobras de aproximadamente cinco metros a unos pasos de las casas del barrio de San Antonio. Por otro lado, los derrumbes provocan que las comunidades queden cada vez más pequeñas, además de que la gente se enfrenta a los peligros de que caigan su casa y sus construcciones al imponente río Amazonas, con lo que perderían todo lo que tienen.

Muchas veces comenzamos a tomar conciencia de una situación cuando la tragedia está en la puerta de nuestra casa, y pocas veces tomamos providencias y preparamos acciones para el futuro. Considero que debemos cuidar la naturaleza y crear conciencia de respeto antes de que ella acabe con nosotros. No debemos echarle la culpa a Dios por nuestras acciones o por la falta de ellas, ya que Él nos dio el gran don de la libertad y respeta nuestras decisiones; sin embargo, nos manda señales para cambiar y disfrutar lo que creó por amor a la humanidad. Cuando recibimos flores, chocolates, animales de peluche, entre otras cosas, las cuidamos mucho porque sabemos que fue dado con amor y no queremos que nadie las toque o destruya. Por ello debemos cuidar ese gran presente que Dios nos dio con tanto amor. Espero que Dios los bendiga, queridos bienhechores, en esa acción de salvar la humanidad.


No debemos culpar a Dios por las consecuencias de nuestras acciones

Ubicación de Urucutiruba

 
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© Revista Almas, publicación mensual de Misioneros de Guadalupe, AR. México, 2009.