Não se esqueçam de nós! 1
por: P. Alejandro Chacón Orozco, MG

Padre Alejandro Chacón en un bautizo
Hoy recordé la visita que hice hace algunas semanas a comunidades que se encuentran a unas cinco horas y media en lancha o dos días en barco del municipio de Urucurituba, que es donde trabajo. Las personas de esas comunidades me dijeron que se sentían como si hubieran sido abandonados por Dios y por el mundo entero, ya que era muy raro que alguien los visitara o los ayudara; algunos de ellos no conocieron a su antiguo presidente municipal, a ningún pastor ni otro tipo de ayuda. Sin embargo, continúan trabajando a nivel pastoral con las enseñanzas dejadas por Padre Raúl Nava T., MG, que levantó velas en 1996 y partió para la Misión de Kenia.
Con la gente de las comunidades compartimos experiencias, jugamos con los niños, estudiamos algunos temas con los jóvenes, ofrecimos un curso bíblico y catequético para los adultos, y de formación para líderes; celebramos la Misa, descubrimos las necesidades actuales y buscamos cómo podríamos ayudar. Sin embargo, el trabajo en la parroquia cada vez es mayor. Cuando llegué, en 2007, teníamos 47 comunidades. Después de un trabajo arduo realizado con el P. Jesús Sergio Guevara L., Misionero Asociado a MG, han aumentado a dos más. No creamos de la nada ni inventamos esas dos comunidades, sino que la misma gente pide ser parte de la Iglesia católica y desean construir una capilla, bautizar a sus hijos, recibir la Primera Comunión, el Sacramento del Matrimonio, entre otras necesidades.

Sin embargo, tras la partida del Padre Sergio Guevara, que se dirigió a otro destino para servir a Dios con la entrega, la alegría y la esperanza que lo caracterizaron durante cinco años en Brasil, precisamos de más gente que quiera trabajar en esta Misión al interior del Amazonas, con sus retos y dificultades, sus alegrías y recompensas.
Así como en la actualidad se habla de asuntos económicos, políticos y ecológicos en relación con el Amazonas, también debemos decir que faltan muchos sacerdotes, diáconos y seminaristas. Hay comunidades y parroquias que tienen cerca de una década –o tal vez más– sin sacerdote. Por ejemplo, desde que en 1992, por cuestiones de salud, el Padre Gerardo López V., MG, tuvo que dejar la Misión, el municipio de Silves no ha vuelto a tener un sacerdote. Cada vez que podemos vamos a ese municipio a celebrar la Santa Misa; el año pasado fui dos veces. Sin embargo, hay municipios que todavía no saben lo que es tener un sacerdote, y estamos hablando del siglo XXI.

Tenemos la fe puesta en Dios y la confianza en que nuestro pueblo de México enviará nuevos sacerdotes para estas tierras caboclas (mestizas), y de que no nos olvidaremos de nuestros hermanos como ya ha ocurrido durante mucho tiempo. Necesitamos manos trabajadoras, corazones alegres y entusiastas, pies para caminar con firmeza ante las dificultades de la lluvia y el fuerte sol, con espíritu de aventura y un alma misionera.
Quiero invitar a quienes tengan interés en las Misiones, sacerdotes o laicos, y en particular a los jóvenes, para que vengan a la Misión de Brasil. Tengo la seguridad de que se quedarán aquí a compartir su fe y su vida. Sólo así tendremos más gente enriquecida con un conocimiento de Jesús, nuestro Salvador.
1. ¡No se olviden de nosotros!